HISTORIAS
Guardiana de la Amazonía cuida del medio ambiente con productos orgánicos
Desde cualquier lado del pueblo se escucha la estruendosa risa de Omaira, una lideresa comunitaria que alegra cada rincón por donde pasa. Y la verdad es que en los casi 12 años que han pasado desde que Omaira llegó de su natal Colombia, cambió completamente la dinámica del pueblo.
“Las personas que viven acá también eran retraídas, tímidas, no sentían como el deseo de ayudar. Y pues hoy, después de estos años, ha rendido frutos. El pueblo ya es solidario, todos se preocupan por ayudar a los demás”, dice con una sonrisa enorme.
Pero lo que más le apasiona a Omaira aparte de asegurarse de que cada residente del pueblo esté bien, es la tierra.
“Hombres y mujeres aquí somos cultivadores por naturaleza y nos gusta sembrar, realmente nos gusta”, dice Omaira mostrando sus herramientas y manos luego de un intenso día de trabajo. “Aunque a veces el sol es duro, porque ahorita el clima ha cambiado, fueron más de 6 meses de verano intenso y los soles ya son más fuertes, a veces no lo aguanto mucho”, añade.
Omaira encontró un nuevo hogar en una zona fronteriza con Colombia, en la Amazonía ecuatoriana luego de que la violencia le obligara a desplazarse de su país.
Aquí se ha dedicado a explorar el cultivo orgánico. A aprender y a enseñarle a otros vecinos a usar alternativas a los fertilizantes. “El placer de sembrar algo, de producir algo más sano que usted se va a comer es enorme”, dice Omaira mientras riega la carreta en donde está haciendo el humus del fertilizante natural. “La agricultura no es que dé ganancia, digámoslo así, no es que se pueda vivir totalmente de la agricultura, pero las familias pueden tener el inicio del pan de cada día”.
Omaira no toma muchos descansos entre sus actividades. Temprano en la mañana se levanta a revisar sus cultivos, luego hace rondas por el pueblo para ver a los vecinos, a veces hace talleres para enseñarles a todos a cultivar orgánicamente, y revisa el humus para ver cómo va el fertilizante. En medio de estas actividades, es cabeza de familia y cuida de sus hijas y nietos para darles almuerzo. Pero entre las labores que se ha tomado Omaira es liderar la Asociación de Mujeres para que puedan tener una vida libre de violencia.
“Yo me di cuenta de que era incapaz de defenderme a mí. Yo podía defender a otras, pero no a mí misma”, dice Omaira. “Yo aprendí a defenderme a mí misma, yo era la que estaba encerrada y seguía siendo maltratada. Pero ahora puedo reír libremente sin miedo”. Desde talleres y acompañamiento directo, Omaira junto a sus dos amigas se dedican a velar por los derechos de las mujeres en su pueblo.
Omaira toma aire y cierra los ojos y sonríe. “Debemos cuidar los espacios libres, los árboles que filtran el aire, y no contaminar”, reflexiona Omaira. Sus 11 años en Ecuador, su hogar, le han permitido ver cómo ha cambiado el ambiente, la pesca, el impacto del sol, las lluvias.
“La naturaleza es vida, hay que cuidarla para el futuro, para las futuras personitas. Nosotros tarde que temprano nos acabamos. Pero si no cuidamos el planeta ya no va a haber ni qué comer, el calor no lo van a aguantar, ya no van a poder trabajar ni ser libres como somos hoy en día”.
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