HISTORIAS
Por una vejez llena de tranquilidad y dignidad
La pandemia del COVID-19 ha puesto de manifiesto la necesidad de crear medidas que permitan a las personas adultas mayores satisfacer sus necesidades básicas. Agapito y Vilma se despiertan cada día con una pregunta en mente: “¿Podremos comer hoy?”.
Esta pareja de refugiados colombianos ha carecido de estabilidad laboral durante toda su vida y ahora, en su vejez, no cuentan con una pensión que les pueda proporcionar los recursos necesarios para cubrir sus necesidades.
“Hay días en los que apenas desayunamos, no merendamos. Hacemos una comida al día con mi esposa”, menciona Agapito mientras ajusta su mascarilla KN-95.
Los ingresos económicos de su hogar se reducen únicamente a la actividad económica de Vilma, quien es partera en San Lorenzo, provincia de Esmeraldas. Debido a la pandemia, esta era la única labor que podía desempeñar para cumplir con la cuarentena. En ocasiones, Vilma realizaba controles prenatales a mujeres que presentaban malestares durante su embarazo y no contaban con los recursos suficientes para acudir al médico. Sin embargo, esta actividad les permitía a Agapito y Vilma obtener ingresos mínimos para alimentarse.
“Yo atiendo a las mujeres embarazadas cuando tienen problemas, las acompaño hasta que llegue el momento de dar a luz. Me pagan y ya sé que podré comprar pollito”, menciona Vilma, quien es la principal fuente de ingresos económicos de su hogar.
Desde antes de la pandemia, ambos se unieron a la asociación de jubilados de San Lorenzo. En este espacio, personas adultas mayores refugiadas y locales llevan a cabo actividades como la confección, elaboración de artesanías y la gastronomía para su venta. Además, reciben capacitaciones sobre derechos y oportunidades en Ecuador por parte de organizaciones como ACNUR. Sin embargo, la pandemia ha sido un obstáculo para que ellos y ellas puedan realizar estas actividades, agravando así los sentimientos de soledad.
“Esta pandemia ha afectado a todos, y los adultos mayores, a veces no encontramos todos los medicamentos que necesitamos”, manifiesta Neira, secretaria de la asociación y amiga de Agapito y Vilma. “Cualquier persona, ya sea de Colombia o Venezuela, que llegue aquí, tiene las puertas abiertas”.
A sus 64 años, Agapito sigue buscando un empleo que le permita vivir dignamente junto a su esposa y dejar de pasar por tantas dificultades debido a la escasez de recursos económicos.
“Deseamos vivir en paz, salir a divertirnos para aliviar el estrés de estar tanto tiempo en casa. Que no falte comida para que nuestro estómago no se debilite”, dice Agapito. “Eso es lo que necesitamos”.
Refugiado haitiano informa sobre derechos y oportunidades a través de TikTok e Instagram
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