HISTORIAS
Ni los golpes ni las amenazas pueden derribar a un corazón valiente
Arlyn tuvo que huir en dos ocasiones para salvar su vida. En primer lugar, dejó su amada Colombia debido a las amenazas y extorsiones que prometían separarla de sus hijos. Y, luego, tuvo que escapar de su propio hogar, donde las caricias se transformaron en golpes y los halagos en insultos.
“En aquel tiempo, había muchos desplazados. Llegamos a Ipiales y nos dijeron que teníamos que cruzar la frontera hacia Ecuador. Fue entonces cuando me convertí en víctima de violencia intrafamiliar”, confesó Arlyn mientras apretaba sus manos y su voz se volvía más suave. “Recuerdo que empecé a trabajar en la cocina de un hostal en Tulcán, donde la dueña era una persona maravillosa”.
Sin embargo, Arlyn y su familia tuvieron que abandonar la comodidad que les ofrecía la ciudad fronteriza y trasladarse a la capital para iniciar su proceso de reconocimiento como personas refugiadas. Fue en Quito donde pudieron acceder a la asistencia humanitaria brindada por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y otras organizaciones no gubernamentales. Gracias a ello, pudieron alimentarse, transportarse y vivir con dignidad. Pero nunca imaginaron que en ese lugar tendrían que tomar la segunda decisión más importante de sus vidas.
“Recuerdo que, en el último episodio de maltrato, cuando decidí salir de casa, él casi me mata”, reveló Arlyn. “Elaboramos un plan: un primo lo llevó de compras al mercado y aproveché ese momento para empacar mi ropa en sacos. Llamé a una trabajadora humanitaria y ella vino a recogerme. Me dieron la opción de irme de Quito a Cuenca o a Lago Agrio. Decidí venir a Cuenca”.
La vida de Arlyn siempre estuvo marcada por episodios que exigieron valentía y determinación para tomar decisiones. Esta mujer y sus seis hijos comenzaron una nueva vida una vez más, después de tantos comienzos, con la esperanza de encontrar finalmente paz y felicidad. En esta ciudad, Arlyn convertiría todas las amargas experiencias de su pasado en un apoyo vital para las mujeres que han sobrevivido a la violencia.
“Llegué directamente a la casa de acogida Mari Amor. Al mismo tiempo, estaba empezando la Asociación de Mujeres con Éxito, un grupo de supervivientes que brinda servicios de lavandería, catering y almuerzos”, menciona Arlyn con gran emoción, mostrando un banner de la fundación. “De esta manera, generamos recursos económicos que ayudan a estas mujeres y sus familias a alcanzar la independencia”.
Ser parte de este grupo le permitió conocer más historias de vida que la llevaron a decidir estar siempre cerca de la asociación y convertirse en una guía para las mujeres que han sobrevivido a la violencia. Esta vez, ya no como una persona asustada y temerosa del futuro, sino como una mujer fuerte y decidida que está dispuesta a enseñar y construir junto a otras sobrevivientes, caminos que las conduzcan hacia la libertad.
“Es un antes y un después. Uno llega a Mujeres con Éxito y ya no vuelve a ser la misma”, menciona Arlyn con una sonrisa en el rostro. “Creo que esta asociación me ha dejado una huella profunda, es hermoso y maravilloso saber que puedes seguir ayudando a otras personas a través de tu propia experiencia”.
Refugiado haitiano informa sobre derechos y oportunidades a través de TikTok e Instagram
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